Recordada en Paraguay como
una de sus mayores hazañas militares, en Argentina es considerada como el mayor
desastre militar de su historia. Mientras en Buenos Aires casi no se conmemora
la muerte de 4 mil compatriotas esa fecha, en Asunción se realizan actos por la
victoria de 5 mil de sus soldados contra 20 mil aliados invasores.
Al mando de Bartolomé Mitre, presidente argentino y
comandante del ejército aliado durante la infame Guerra de la Triple Alianza,
la batalla de Curupayty debía ser para los invasores el “tiro de gracia” a la heroica
resistencia del ejército paraguayo de Solano López y uno de los últimos
bastiones antes de ingresar a Asunción. Sin embargo, las tropas argentino
- brasileñas (y uruguayas en menor
medida), fueron enviadas de forma temeraria a una muerte segura, por lo qué hoy
se recuerda uno de los mayores desastres militares de los que tuvo
participación un ejercito argentino.
Para el Paraguay en cambio, país donde se desarrolló
la mayor parte de la contienda bélica, que comprometió toda su economía en la
“máquina de guerra” y movilizó en ella desde el primero hasta el último de sus
habitantes, significó una pausa de casi un año de hostilidades que prolongó lo
que sería su triste final y casi su completo exterminio. Aunque a diferencia de
lo que sucede en estas tierras, hoy allí se conmemora una de sus mayores
hazañas militares, donde 5 mil soldados vencieron a 20 mil aliados.
“En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en
campaña, en tres meses en Asunción”, resulta una frase amena gracias a la
televisión y la personificación de Mitre que realizó Fernán Mirás en “Algo
habrán hecho”, pero sirve más para reconocer lo que en un principio se entendió
como un simple trámite para los “Apóstoles de libre mercado”, que vieron en las
armas la solución a lo que consideraban como una fuerte oposición en la región
a su modelo económico. El Paraguay desarrollado de manera independiente y serio
candidato a disputarle el monopolio a Gran Bretaña, era más parecido a la idea
federal que los unitarios consideraban enemigos y todo lo contrario a lo “civilizado”.
Con el aval inglés y la complicidad del Imperio del
Brasil, más la ayuda de un gobierno “golpista” uruguayo, lo que no tenía en
cuenta la oligarquía porteña de aquel entonces era que el conflicto duraría más
de lo esperado, por lo que se entiende que vio la oportunidad de terminar la
contienda e imponer por la fuerza sus ideales de “libertad” en 1866 durante el
ataque a Curupayty, una batalla aún más anecdótica por el hecho de que significó
también la muerte de varios hijos de la elite de aquel entonces.
A diferencia de aquellos que fueron enviados al
frente de batalla engrillados para ser “carne de cañón” por los vencedores de
la “Batalla de Pavón”, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento, uno de sus
acérrimos defensores, participó por decisión propia y fue uno de los cuatro mil
argentinos que cayeron aquel día. Junto a Dominguito, Francisco Paz, hijo del
vicepresidente Marcos Paz, también fue una sus víctimas.